| Domingo 30 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Si las almas del purgatorio pudieran volver a este mundo.
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San Pedro Julián Eymard
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Apostolado de la Santa Misa Diaria * Domingo 30 de noviembre, 2025
REFLEXIóN DIARIA
| Sábado 29 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa y las almas del Purgatorio.
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San Jerónimo
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Apostolado de la Santa Misa Diaria * Sábado 29 de noviembre, 2025
REFLEXIóN DIARIA
| Viernes 28 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa es de todas las obras la más santa y divina.
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San Alfonso María de Ligorio
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Apostolado de la Santa Misa Diaria * Viernes 28 de noviembre, 2025
REFLEXIóN DIARIA
| Jueves 27 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Las Misas Gregorianas.
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El ecónomo obedeció y el mismo día que terminaron de celebrar las treinta misas, se apareció Justo a otro monje, Copioso, diciéndole que subía al cielo, libre de las penas del purgatorio, por las treinta misas celebradas por él. Estas misas, se llaman ahora, en honor de San Gregorio Magno, misas gregorianas. Estas treinta misas seguidas, celebradas por los difuntos, todavía se acostumbra celebrarlas y, según revelaciones privadas, son muy agradables a Dios.
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Apostolado de la Santa Misa Diaria * Jueves 27 de noviembre, 2025
REFLEXIóN DIARIA
| Miércoles 26 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La sola oración no es suficiente.
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Beato Enrique Suso
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Apostolado de la Santa Misa Diaria * Miércoles 26 de noviembre, 2025
REFLEXIóN DIARIA
| Martes 25 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La máxima ayuda.
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P. Antonio Royo Marín O.P.
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Apostolado de la Santa Misa Diaria * Martes 25 de noviembre, 2025
REFLEXIóN DIARIA
| Lunes 24 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa por las almas del Purgatorio.
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Santo Tomás de Aquino
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Apostolado de la Santa Misa Diaria * Lunes 24 de noviembre, 2025
REFLEXIóN DIARIA
| Domingo 23 de noviembre, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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¡Falté al respeto a Jesús sacramentado!
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– Fray León, vete a cenar, no es momento de arreglar el altar. Entonces, una voz, que no era la de fray León, me responde: – No soy fray León. – Entonces, ¿quién eres? – Soy un hermano tuyo, que hice aquí el noviciado. La obediencia me dio el encargo de limpiar el altar mayor durante el año de noviciado. Pero, muchas veces, falté al respeto a Jesús sacramentado, pasando delante del altar sin hacer la genuflexión ni reverenciar a Jesús que estaba en el sagrario. Por estas graves faltas estoy todavía en el purgatorio. Ahora el Señor, en su infinita bondad, me ha enviado a ti para que pueda salir de aquí, cuando celebres una Santa Misa por mí. Scozzaro Giulio Maria
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¡Ah! Si las almas del purgatorio pudieran volver a este mundo, ¡qué no harían por asistir a una sola Misa! Si pudierais vosotros mismos comprender su excelencia, sus ventajas y sus frutos, ni un solo día querríais pasar sin participar en ella.
Cuando se celebra la Santa Misa por un alma del Purgatorio, aquel fuego tan abrasador suspende su acción, y el alma cesa de sufrir todo el tiempo que dura la celebración del Santo Sacrificio.
Cuenta el gran Papa y Doctor de la Iglesia San Gregorio Magno (+604) que, siendo todavía abad de un monasterio, antes de ser Papa, había un monje llamado Justo, que ejercía con su permiso la medicina. Una vez, había aceptado sin su permiso una moneda de tres escudos de oro, faltando gravemente así al voto de pobreza. Después se arrepintió y tanto le dolió este pecado que se enfermó y murió al poco tiempo, pero en paz con Dios. Sin embargo, San Gregorio, para inculcar en sus religiosos un gran horror a este pecado, lo hizo sepultar fuera de las tapias del cementerio, en un basural, donde también echó la moneda de oro, haciendo repetir a los religiosos las palabras de San Pedro a Simón mago: “Que tu dinero perezca contigo “. A los pocos días, pensó que quizás había sido demasiado fuerte en su castigo y encargó al ecónomo mandar celebrar treinta misas seguidas, sin dejar ningún día, por el alma del difunto.
“¡Perdóname querido amigo!, pero como me hallaba impedido de decir la Santa Misa por ti, recé y me sacrifiqué mucho con esta intención”. “Esto no basta -le dijo su amigo-, tu oración no es bastante poderosa para sacarme de estos tormentos. Me hace falta la Sangre de Cristo, esa misma Sangre que se ofrece en la Misa. Si hubieras guardado tu promesa, ya hubiera salido yo de ésta prisión de fuego, y si todavía me quemo en ella es por tu culpa”.
Ningún sufragio aprovecha tan eficazmente a las almas del purgatorio como la aplicación del Santo Sacrificio de la Misa.
Según la costumbre general, la Iglesia ofrece la Santa Misa y ora por los difuntos, y así los libera pronto del Purgatorio.
Cuenta San Pío de Pietrelcina: Una tarde, mientras estaba solo en el coro orando, vi a un fraile joven, quitando el polvo del altar mayor y colocando floreros; en una palabra, arreglando el altar. Creyendo que era fray León, me asomo y le digo: