Reflexión diaria
Si deseas ser santo ¡comulga con frecuencia! 3
No comulgas porque ya eres santo, sino porque deseas llegar a la santidad. Y sin comulgar no lo lograrías quizás jamás.
San Francisco de Sales
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Si deseas ser santo ¡comulga con frecuencia! 2
Si tienes inclinación a la impureza, la presencia en tu alma de Cristo el Cordero Inmaculado que jamás tuvo la más mínima mancha de pecado, te irá dando asco hacia todo lo que es impuro y amor por la virtud.
Si te vence el orgullo, Jesús que es humilde, te irá haciendo semejante a Él.
San Francisco de Sales
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Si deseas ser santo ¡comulga con frecuencia! 1
Si eres débil debes comulgar para volverte fuerte.
Si has pecado mucho te conviene comulgar (después de confesarte bien) para que la presencia de Jesucristo te traiga fuerzas para no seguir pecando tanto.
Si te domina el mal genio, al recibir en la Comunión al que es manso y humilde de corazón, Él te irá contagiando de su bondad y su buen genio.
San Francisco de Sales
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
La Santa Misa es el acto más santo de toda la religión.
La Santa Misa es el acto más santo de toda la religión; nada tan glorioso para Dios ni tan provechoso para vuestra alma como el oírla con piedad y con frecuencia. Esta es la devoción privilegiada de los santos.
San Pedro Julián Eymard
Reflexión diaria
Participar todos los días en la Santa Misa.
Participar todos los días en la Santa Misa. Ello atrae las bendiciones del cielo para el día. Oyéndola cumpliréis mejor todos vuestros deberes y os veréis más fuertes para llevar la cruz de cada día.
San Pedro Julián Eymard
Reflexión diaria
No hay otro remedio más poderoso que la comunión diaria.
Si la aridez persiste, seamos nosotros más persistentes todavía. No tienes que angustiarte, jamás tienes que dejar de acercarte al sagrado banquete del Divino Cordero, porque nada recogerá mejor tu espíritu que su Rey, ninguna cosa lo calentará tanto como su sol, nada lo endulzará tan suavemente como su bálsamo. No hay otro remedio más poderoso que éste, hija mía dilectísima.
San Pío de Pietrelcina
Epís. III, 710
Reflexión diaria
La comunión diaria.
El Padre Pío regañaba y hasta amenazaba a sus hijas espirituales si no le obedecían en la práctica de la Eucaristía diaria:
«¿Acaso puedo alabarte por esto? ¡Jamás! Debías haber recordado que yo te dije: -Mientras no estés segura de encontrarte en pecado mortal, no debes ni puedes abstenerte de la comunión, sino haz un acto de contrición y disponte a obedecer-. Cuídate bien de comportarte otra vez como hasta ahora, de lo contrario te trataré como mereces».
San Pío de Pietrelcina
Epis III, 343
Reflexión diaria
Frecuenten la comunión diaria.
Frecuenten la comunión diaria, despreciando siempre las dudas que son irracionales y confíen en la obediencia ciega y alegre. Epis III, 343
No puedo perdonarte ese modo tuyo de dejar con facilidad la comunión. Epis III, 343
San Pío de Pietrelcina
Reflexión diaria
Todo tu ser tiene que estar cargado de Eucaristía.
Todo tu ser tiene que estar cargado de Eucaristía. Si hay una carga divina, a la hora de manifestarte tendrías que estar haciendo llover a Dios, porque estás lleno de ese misterio infinito de Dios.
Sierva de Dios Teresa Mª de Jesús Ortega, op
Eucaristía, banquete de amores y sacramento de unidad
Reflexión diaria
La oblación es la misma, cualquiera que sea el oferente.
Quiero añadir una cosa verdaderamente maravillosa, pero no os extrañéis ni turbéis. ¿Qué es? La oblación es la misma, cualquiera que sea el oferente, Pablo o Pedro; es la misma que Cristo confió a sus discípulos, y que ahora realizan los sacerdotes; esta no es, en realidad, menor que aquella, porque no son los hombres quienes la hacen santa, sino aquel que la santificó. Porque así como las palabras que Dios pronunció son las mismas que el sacerdote dice ahora, así la oblación es la misma.
San Juan Crisóstomo
In ep. 2 ad Tim. hom. 2, 4 PG 62, 612
Reflexión diaria
¿No te sientes más bien trasladado a los Cielos?
Cuando contemplas al Señor sacrificado y puesto sobre el altar, y al sacerdote que ora y asiste al sacrificio, y a todos los presentes bañados con la púrpura de aquella sangre preciosísima, ¿acaso piensas que estás aún entre los hombres y que pisas la tierra?, ¿no te sientes más bien trasladado a los Cielos donde, desterrado de tu alma todo pensamiento carnal, miras con alma desnuda y mente pura las realidades mismas de la gloria? ¡Oh maravilla! ¡Oh benignidad de nuestro Dios! El que está sentado en la gloria junto al Padre, es tomado en aquel momento en manos de todos, y se deja abrazar y estrechar de los que quieren. Así lo hacen con los ojos de la fe…
San Juan Crisóstomo, Doctor de la Iglesia
Sobre el sacerdocio lll, 4-6
Reflexión diaria
¡Es un loco de amor!
Si pudieran ver lo que Jesús actúa cuando viene a ustedes, morirían al instante de gozo. Somos todos indignos de recibirlo, pero es Él, amor infinito, que encuentra sus delicias en sus criaturas. ¡Es un loco de amor! Él está contento cuando nos ha dado todo de sí mismo.
San Pío de Pietrelcina
Reflexión diaria
La Santa Misa es el centro de la religión cristiana.
El sol de los ejercicios espirituales es el santísimo, sagrado y soberano sacrificio y sacramento de la Santa Misa, centro de la religión cristiana. La Santa Misa es corazón de la devoción, alma de la piedad, misterio inefable, que abarca el abismo de la caridad divina, y por el cual Dios, acercándose realmente a nosotros, nos comunica magníficamente sus gracias y favores.
San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia
Introducción a la Vida Devota, Segunda Parte, cap. 14
Reflexión diaria
No hemos de dudar que hay siempre Ángeles presentes.
¡Ojalá quisiera Dios que cuando quemamos el incienso sobre nuestros altares, y ofrecemos el sacrificio, se descubriesen visiblemente los Ángeles, como le sucedió a Zacarías! No hemos de dudar que hay siempre Ángeles presentes cuando se presenta el mismo Jesucristo, cuando es sacrificado Jesucristo.
San Ambrosio, Doctor de la Iglesia
Comentario al Evangelio de San Lucas, 1, 95
Reflexión diaria
Haced esto en conmemoración mía.
Concretamente, sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, esto es, la obediencia al mandato de Jesús «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes» Mt 28, 19 y «Haced esto en conmemoración mía» Lc 22, 19; cf. 1 Cor 11, 24, o sea, el mandato de anunciar el Evangelio y de renovar cada día el sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por la vida del mundo.
Beato Juan Pablo II
Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis, n. 1
