Reflexión diaria
No solo de pan vive el hombre.
Sigue siendo cierto que no solo de pan vive el hombre. La persona humana tiene una necesidad que es aún más profunda, un hambre que es mayor que aquella que el pan puede saciar -es el hambre que posee el corazón humano de la inmensidad de Dios-. Es un hambre que solo puede ser saciada por Aquel que dijo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitare el ultimo día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebidaJn 6,52-59.
San Ambrosio
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
También para ser conservado en el sagrario.
Siendo el pan una comida que nos sirve de alimento y se conserva guardándole, Jesucristo quiso quedarse en la tierra bajo las especies de pan, no solo para servir de alimento a las almas que lo reciben en la sagrada Comunión, sino también para ser conservado en el sagrario y hacerse presente a nosotros, manifestándonos por este eficacísimo medio el amor que nos tiene.
San Alfonso María Ligorio
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Todo Jesucristo se contiene en cada una de las especies.
Debe saberse, sin embargo, que todo Jesucristo se contiene en cada una de las especies; bajo la especie de pan se contiene también la sangre con el cuerpo, y bajo la especie de vino se contiene el cuerpo con la sangre.
Santo Tomás de Aquino
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Las oblaciones son realmente transformadas.
Y dijo en modo demostrativo: Este es mi cuerpo y esta es mi sangre, para que no pienses que las cosas que aparecen son una figura (tipo), sino que por algo inefable del Dios Omnipotente las oblaciones son realmente transformadas en el cuerpo y en la sangre de Cristo; y nosotros, al participar de ellos, recibimos la fuerza vivificadora y santificadora de Cristo.
San Cirilo de Alejandría
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Es mayor la fuerza de la bendición.
Es mayor la fuerza de la bendición que la de la naturaleza, porque por la bendición incluso la misma naturaleza se cambia.
Este pan, antes de las palabras de la consagración es pan común; pero cuando se le consagra, el pan se convierte en carne de Cristo.
San Ambrosio
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
No es lo que parece, sino el Cuerpo y Sangre de Cristo.
Adoctrinados y llenos de esta fe certísima, debemos creer que aquello que parece pan no es pan, aunque su sabor sea de pan, sino el Cuerpo de Cristo; y que lo que parece vino no es vino, aunque así le parezca a nuestro paladar, sino la Sangre de Cristo.
San Cirilo de Jerusalén
Doctor de la Iglesia
El pan al principio es ordinario, pero una vez que el misterio lo consagra, se dice y se hace cuerpo de Cristo.
San Gregorio de Nisa
Reflexión diaria
Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
Una vez terminadas las grandes y admirables preces, el pan se hace Cuerpo y el cáliz Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
San Atanasio
Doctor de la Iglesia
El pan, antes de la consagracion, es un pan ordinario; pero cuando se le consagra, se convierte y se llama Cuerpo de Cristo.
San Gregorio de Nisa
Reflexión diaria
El cuerpo esta verdaderamente unido a la divinidad.
El cuerpo esta verdaderamente unido a la divinidad, el cuerpo nacido de la Santisima Virgen: no porque el mismo cuerpo encarnado descienda del Cielo, sino porque el mismo pan y vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo.
San Juan Damasceno
Reflexión diaria
Lo que la fe nos debe hacer confesar.
San Agustín dice que Jesucristo se llevaba en sus propias manos, porque llevaba su mismo cuerpo, cuando al dárselo a sus apóstoles les dijo: Éste es mi cuerpo. También el mismo San Agustín nos enseña muy bien esta verdad, cuando dice que la fe nos debe hacer confesar que antes de la consagración el pan y el vino son tal como la naturaleza los ha formado, pero que después de la consagración se han convertido en el cuerpo y en la sangre de Jesucristo, consagrados por la bendición, es decir, por las palabras de la consagración.
San Juan Bautista de la Salle
Reflexión diaria
Lo que testifican los santos Padres desde los primeros siglos.
Tal ha sido siempre la creencia de la Iglesia, y es lo que testifican los santos Padres desde los primeros siglos. San Gregorio de Nisa dice que es justo que creamos que el pan se ha cambiado en el cuerpo del Verbo de Dios, cuando fue el mismo Verbo quien dijo: Éste es mi cuerpo. San Cirilo dice que si Jesucristo ha dicho de lo que hay en el cáliz Ésta es mi sangre, ¿quién se atreverá a dudarlo y decir que no es su sangre? En otra ocasión, en las bodas de Caná, cambió el agua en vino, ¿y no es digno de ser creído cuando dice que ha cambiado el vino en su sangre?
San Juan Bautista de la Salle
Reflexión diaria
El efecto de este sacramento es la unidad del cuerpo místico .
Santo Tomás de Aquino hace notar que «el efecto de este sacramento es la unidad del cuerpo místico (la Iglesia), sin la cual no puede existir la salvación. Por ello, es necesario recibir la Eucaristía, al menos con el deseo, para salvarse». En estas palabras se percibe el eco de lo que dijo Jesús mismo acerca de la necesidad de la Eucaristía para la vida cristiana: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día Jn 6, 53.54.
Según estas palabras de Jesús, la Eucaristía es prenda de la resurrección futura, pero ya en el tiempo es fuente de vida eterna. Jesús no dice ‘tendrá vida eterna’ sino ‘tiene vida eterna’. La vida eterna de Cristo, con el pan eucarístico, penetra y se da en la vida humana.
San Juan Pablo II
Audiencia General, 8 de abril de 1992
Reflexión diaria
El cielo de nuestra alma.
Dios no baja del cielo todos los días para quedarse en un copón dorado, sino para encontrar otro cielo que le es infinitamente más querido que el primero: el cielo de nuestra alma, creada a su imagen.
Santa Teresa de Lisieux
Reflexión diaria
Venid, pues, los amadores de Dios y acercaos a esta Mesa sagrada.
¡Oh manjar divino, por quien los hijos de los hombres se hacen hijos de Dios y por quién vuestra humanidad se mortifica para que Dios en el alma permanezca!
¡Oh pan dulcísimo, digno de ser adorado y deseado, que mantienes el alma y no el vientre; confortas el corazón del hombre y no le cargas el cuerpo; alegras el espíritu y no embotas el entendimiento; con cuya virtud muere nuestra sensualidad, y la voluntad propia es degollada, para que tenga lugar la voluntad divina y pueda obrar en nosotros sin impedimento!
¡Oh maravillosa bondad que tales gracias quiso hacer a nosotros, miserables hombres! ¡Oh maravilloso poder de Dios, que así puso, debajo de especie de pan, su divinidad y humanidad y partirse él en tantas partes, sin padecer él detrimento en sí!
¡Oh maravillosa sabiduría de Dios, que tan conveniente y tan saludable medio halló para nuestra salud! Convenía, sin duda, que por una comida habíamos perdido la vida, por otra la recobrásemos, y que así como el fruto de un árbol nos destruyó a todos, así el fruto de otro árbol precioso nos reparase a todos.
Venid, pues, los amadores de Dios y acercaos a esta Mesa sagrada.
San Juan de Ávila
Reflexión diaria
El valor de la Santa Misa.
Una Misa sobrepuja y excede la virtud de todas las oraciones en cuanto a la remisión de la culpa y pena.
San Anselmo
Reflexión diaria
Desde Él, hasta nuestro tiempo y hasta su venida.
El sacerdote profiere las palabras; pero allí está la virtud y la gracia de Dios. Dice el sacerdote: Esto es mi cuerpo, y esta palabra transforma el pan y vino ofrecidos, y así como aquellas palabras: Creced y multiplicaos y llenad la tierra sólo una vez fueron dichas, pero dan en todo tiempo fuerza a nuestra naturaleza para la procreación de los hijos, así también esta voz, proferida una sola vez, hace el sacrificio perfecto en las iglesias en todos los altares desde Él hasta nuestro tiempo y hasta su venida.
San Juan Crisóstomo
Doctor de la Iglesia
