| Jueves 20 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Si los hombres conocieran el valor de la Santa Misa.
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San Pío de Pietrelcina
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| Miércoles 19 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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¡Benditos los que saben cómo aprovechar la Eucaristía!
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SS Pío XII
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| Martes 18 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Ofrecerte a ti mismo a mí, en sacrificio puro y santo cada día en la Misa.
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Tomás de Kempis
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| Lunes 17 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Jesús viene a comunicarnos su propia vida.
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Sierva de Dios Madre María Berenice
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| Domingo 16 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Centenares de Ángeles rodean el altar mientras se celebra la Santa Misa.
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| Sábado 15 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa nos preserva de muy grandes males.
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San Gregorio Magno,
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| Viernes 14 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Todos los días…
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Sierva de Dios Teresa María de Jesús Ortega, op
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| Jueves 13 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Un sacerdote con poderes de Dios.
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Sierva de Dios Teresa María de Jesús Ortega, op
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| Miércoles 12 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Ser transformado en Cristo.
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Misal Romano, Oración después de la comunión.
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| Martes 11 de febrero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Seamos nosotros mismos aquello que recibimos.
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San Agustín, Doctor de la Iglesia
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| Martes 21 de enero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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El perdón de los pecados.
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San Agustín, Doctor de la Iglesia
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| Lunes 20 de enero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Soy feliz al unir al Sacrificio de Jesús, el sacrificio de mi pobre vida.
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San Pascual Baylón no podía ir a la Iglesia para asistir a todas las Misas que hubiera deseado, porque tenía que llevar a pastar a las ovejas. Así pues, cada vez que oía las campanas de la Iglesia dar la llamada a Misa, se arrodillaba en el pasto entre las ovejas, frente a una cruz de madera que él había hecho, y de esa manera podía aunque fuera de lejos, seguir al sacerdote en el ofrecimiento del Sacrificio Divino. Qué Santo tan amante, verdadero Serafín de amor hacia la Eucaristía. Sobre su lecho de muerte, oyó la campana para la Misa, y sacó fuerza para susurrar a sus hermanos: «Soy feliz al unir al Sacrificio de Jesús, el sacrificio de mi pobre vida.» Y murió a la hora de la Consagración de la Santa Misa.
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| Domingo 19 de enero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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¡Caminaría diez millas!
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| Sábado 18 de enero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Una muchedumbre de Ángeles rodeaban el altar.
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San Juan Crisóstomo
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| Viernes 17 de enero, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Es la voz misma de Jesús.
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José Antonio Fortea Cucurull
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Si los hombres conocieran el valor de la Santa Misa, la policía tendría que estar siempre en las puertas de las Iglesias para mantener el orden por la gran cantidad de gente que asistiría.
Jesucristo desea enriquecer a las almas en la Santa Comunión, y ¡benditos son los que, siguiendo las instigaciones de su amor, saben cómo aprovechar un medio tan efectivo para la santificación y el bienestar!
Así como Yo me ofrecí a mí mismo por tus pecados a Dios Padre con voluntad y extendí las manos en la Cruz, desnudo el cuerpo de modo que no me quedaba cosa alguna que no fuese sacrificada para aplacar a Dios, así debes tú, cuanto más entrañablemente puedas, ofrecerte a ti mismo, de toda voluntad, a mí, en sacrificio puro y santo cada día en la Misa, con todas tus fuerzas y deseos. ¿Qué otra cosa quiero de ti más que el que te entregues a mí sin reserva? Cualquier cosa que me des sin ti, no gusto de ella; porque no quiero tu don, sino a ti mismo.
Después de comulgar, adoremos con profunda humildad, gratitud y amor al Divino Huésped que viene a comunicarnos su propia vida y nos pide amor y reparación.
San Juan Crisóstomo nos asegura que centenares de ángeles rodean el Altar mientras se celebra la Santa Misa y él mismo les vio varias veces que se quedaban silenciosos inclinados y extasiados ante el adorable Sacramento.
Todos los días en que uno oiga devotamente la Santa Misa podrá esperar fundadamente verse libre o preservado de muy grandes males y peligros del alma y cuerpo.
La Santa Misa, por la misericordia infinita de Dios con los hombres, nos la regala Él todos los días. Todos los días asistimos al milagro más trascendente de la historia. Todos los días asistimos al milagro más colosal de la historia. Todos los días presenciamos el acto de donación de Dios a las criaturas más profundo, más fuerte de la historia.
El momento de la transubstanciación es esa hora en que se produce el Fiat Creador; en que un sacerdote, con poderes de Dios, con poderes de Cristo, realiza el más maravilloso de los milagros.
Te rogamos, Padre, que nuestra participación en la mesa de tu Hijo nos santifique, para que como miembros de su Cuerpo nos transformemos en el mismo Cristo a quien recibimos. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
La virtud peculiar de este alimento es producir la unidad, unirnos tan estrechamente al cuerpo de Cristo que, hechos miembros suyos, seamos nosotros mismos aquello que recibimos.
Si alguno oye devotamente la Santa Misa alcanzará grandes auxilios para no caer en pecado mortal, y se le perdonarán sus defectos y pecados veniales e imperfecciones.
San Alfonso de Liguori experimentó unos dolores muy agudos en el abdomen. El religioso que le acompañaba, lo urgía a que se detuviera a tomar un sedante. Pero el Santo aún no celebraba Misa, y su respuesta inmediata fué: «Mi querido hermano, yo caminaría diez millas en esta condición con el fin de no perder el ofrecer la Santa Misa.» Y su dolor no lo hacía romper el ayuno eucarístico, el cual en ese tiempo era obligatorio desde la media noche anterior. Esperó a que el dolor menguara un poco, y luego continuó su camino a la Iglesia.
Yo oí referir a uno que lo había oído de un anciano venerable, que tenía la gracia de recibir frecuentes revelaciones, cómo una vez se le concedió tener una revelación sobre esto. Vio, en un instante, al tiempo del sacrificio, una muchedumbre de Ángeles, vestidos de ropas resplandecientes, que rodeaban el altar e inclinaban sus cabezas como si fueran soldados que están en presencia del Emperador. Y no tengo dificultad en creerlo.
La lectura del Evangelio durante la misa es como vivir la escena en la que vemos a Jesús en Cafarnaúm cuando el Evangelio dice: Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro, se sentó (…) y comenzó a decirles… ¿Por qué es la misma escena? Porque después de haber leído el rollo de la Antigua Ley, pasamos a escuchar a Jesús. Pero recordemos que es la misma voz del Galileo la que nos lee el rollo de la Antigua Ley.