| Lunes 17 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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¡Perfecta adoración!
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San Pedro Julián Eymard
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| Domingo 16 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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El santo Sacrificio de la Misa es la más sublime de las oraciones.
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San Pedro Julián Eymard
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| Sábado 15 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Te prepara para fundirte con Dios.
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Sierva de Dios Teresa Mª de Jesús Ortega, op
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| Viernes 14 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa es el cielo en la tierra.
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Lorient Marc, De L´angelité, o.c., p. 25.
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| Jueves 13 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La primera piedra del sacrificio fue María Santísima.
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Sierva de Dios Teresa Mª de Jesús Ortega, op
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| Miércoles 12 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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A la voz del sacerdote se abren los cielos.
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San Gregorio VII, Papa
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| Martes 11 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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El Padre eligió lo mejor entre lo mejor.
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Sierva de Dios Teresa Mª de Jesús Ortega, op
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| Lunes 10 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Cuando nos presentamos como víctimas.
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San Gregorio Magno,
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| Domingo 9 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Todo el Paraíso participa en cada Santa Misa.
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San Pío de Pietrelcina: ¿Y crees que la Madre no se interesa en su Hijo? – ¿Asisten los ángeles? – En multitudes. – ¿Qué hacen? – Adoran y aman. – Padre, ¿quién está más cerca de vuestro altar? – Todo el paraíso.
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| Sábado 8 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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Si una mujer embarazada asiste a la Santa Misa.
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San Beda el Venerable,
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| Viernes 7 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa es fecundísima fuente de santificación.
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P. R. Garrigou-Lagrange
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| Jueves 6 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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¡Atención! ¡Atención!
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¡Dios mío, qué digno de compasión es un sacerdote cuando celebra la Santa Misa como una cosa ordinaria! San Juan María Vianney, el Cura de Ars
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| Miércoles 5 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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El corazón y la llave de todos los bienes.
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San Juan Pablo II
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| Martes 4 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía hace permanente en medio de nosotros la presencia de Jesús.
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Sierva de Dios Madre María Berenice
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| Lunes 3 de marzo, 2025 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa sería más provechosa para los fieles si la procurarán en vida.
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Papa Benedicto XV
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1. Adoración: Si comenzáis por el amor terminaréis por el amor. Ofreced vuestra persona a Cristo, vuestras acciones, vuestra vida. Adorad al Padre por medio del Corazón eucarístico de Jesús. Él es Dios y hombre, vuestro Salvador, vuestro hermano, todo junto. Adorad al Padre Celestial por su Hijo, objeto de todas sus complacencias, y vuestra adoración tendrá el valor de la de Jesús: será la suya.
El santo Sacrificio de la Misa es la más sublime de las oraciones. Jesucristo se ofrece a su Padre, lo adora, le da gracias, lo honra y le suplica a favor de su Iglesia, de los hombres, sus hermanos y de los pobres pecadores. Esta augusta oración Jesús la continúa por su estado de víctima en la Eucaristía. Unámonos entonces a la oración de Nuestro Señor; oremos como Él por los cuatro fines del sacrificio de la Misa: esta oración reasume toda la religión y encierra los actos de todas las virtudes.
La Eucaristía es medio y fin. Te prepara para fundirte con Dios, y a la vez, te funde con Dios. Te prepara para purificarte, para adelgazarte, para hacerte más libre, más capaz, y viene a llenarte esas capacidades.
Decía el Cardenal Schönborn que el cielo y la tierra, la Iglesia celeste y la Iglesia peregrina, se unen sobre la tierra durante la celebración de la Santa Misa. Por eso, decimos claramente que la Santa Misa es el cielo en la tierra y que se celebra realmente con todos los ángeles y todos los santos.
La primera piedra del sacrificio fue María Santísima. Ara bendita y misteriosa donde se celebró la primera Santa Misa. Allí donde está el Hijo hay Misa, hay sacrificio, hay alabanza. Sé el Hijo. Tu vida será una Santa Misa.
A la voz del sacerdote se abren los cielos y los coros de los ángeles asisten a la misa. Lo más bajo se une a lo más alto, lo terrestre a lo celeste, las cosas visibles a las invisibles. Por eso, al sacerdote le hacen falta dos alas: la santidad y la ciencia para poder subir hasta Dios y después descender para atender a las almas y así cumplir su sublime vocación de ser luz del mundo y sal de la tierra.
El Padre eligió lo mejor entre lo mejor; algo que no se podía comprar ni vender; quiso darnos el misterio profundo de su Hijo, la Carne de su Hijo, la Sangre de su Hijo; su Hijo como Pan, como alimento, como manjar, como Vida. Todo se lo ha dado al hombre.
El sacrificio del altar será a nuestro favor verdaderamente aceptable como nuestro sacrificio a Dios, cuando nos presentamos como víctimas.
Padre Tarsicio de Cervinara: ¿Asiste la Santísima Virgen a su misa?
Si una mujer embarazada asiste a la Santa Misa, siempre y cuando ello le sea posible, tomándose un poquito de molestia, como mayor se la tomó la Virgen al viajar a Belén para dar a luz allí al Redentor, podrá obtener grandes auxilios en los dolores de su parto.
La Santa Misa… es fecundísima fuente de santificación y de gracias siempre renovadas; por ella puede ser realidad en nosotros, cada día, la súplica de Nuestro Señor: «Yo les he dado de la gloria que tú me diste, para que sean una misma cosa, como lo somos nosotros, yo en ellos y tú en mí, a fin de que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que tú me has enviado y amándoles a ellos como a mí me amaste»
La causa del relajamiento del sacerdote es que no presta atención a la Santa Misa.
El corazón de la oración cristiana y la llave del sacerdocio es sin duda la Eucaristía.
La Eucaristía hace permanente en medio de nosotros la presencia de Jesús, el todo de nuestra vida, que nos llamó para que le siguiéramos como los apóstoles y mendiga, espera nuestra fidelidad a su llamamiento de amor.
La celebración de la Santa Misa sería más provechosa para los fieles si la procurarán en vida. Sería mucho mejor que el hecho de esperar hasta más tarde, y pedir entonces que se ofrezca por el eterno descanso del alma, después de la muerte.