Reflexión diaria
Tomad, comed, éste es mi Cuerpo.
Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre».
Evangelio según San Mateo 26, 26-29
Reflexión diaria
¿Cuál es la importancia de la Eucaristía para la Iglesia?
La celebración de la Eucaristía es el centro de la comunidad cristiana. En ella la Iglesia se convierte en Iglesia.
No somos Iglesia porque colaboramos a su sostenimiento, porque nos llevamos bien unos con otros o porque casualmente hayamos caído en una comunidad, sino porque en la Eucaristía recibimos el Cuerpo de Cristo y continuamente somos transformados en el Cuerpo de Cristo.
YouCat, n. 211
Reflexión diaria
Los soldados de Cristo se han de armar de una fe incorrupta.
No creamos que lo que ahora viene es lo mismo que lo pasado: se acerca un combate más fuerte y más cruel, para el que los soldados de Cristo se han de armar de una fe incorrupta y de un valor vigoroso, pensando que para eso beben cada día el cáliz de la Sangre de Cristo, para que también ellos puedan verter por Cristo su sangre.
Armemos pues la mano derecha con la espada del espíritu, para que rechace con valentía los sacrificios funestos, se acuerde de la Eucaristía y abrace al Señor con la misma mano que recibe su Cuerpo, y que después ha de recibir el premio de las coronas celestiales.
San Cipirano
Carta 58, 1y9: BCG 255, 246, 254-255
Reflexión diaria
La Eucaristía es como la zarza ardiendo que no se consume.
Realmente el misterio eucarístico es como la zarza ardiendo (Ex 3,2), que no se consume, con lo que se cumple la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo ( Mt 28,20).
P. Guillermo Pons
La Eucaristía en los textos de los Padres de la Iglesia.
Reflexión diaria
¿Qué sucede con la Iglesia cuando celebra la Eucaristía?
Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía se sitúa ante la fuente de la que ella misma brota continuamente de nuevo: en la medida que la Iglesia «come» del Cuerpo de Cristo, se convierte en Cuerpo de Cristo, que es sólo otro nombre de la Iglesia. En el sacrificio de Cristo, que se nos da en cuerpo y alma, hay lugar para toda nuestra vida. Nuestro trabajo y nuestros sufrimiento, nuestras alegrías, todo lo podemos unir al sacrificio de Cristo. Si nos ofrecemos de este modo, seremos transformados: agradamos a Dios y para nuestros prójimo somos como buen pan que alimenta.
Se critica con frecuencia a la Iglesia, como si únicamente fuera una asociación de hombres más o menos buenos. En realidad, la Iglesia es lo que se realiza diariamente de un modo misterioso sobre el altar. Dios se entrega por cada uno de nosotros y quiere transformarnos mediante la Comunión con él. Como seres transformados deberíamos transformar el mundo. Todo lo demás que la Iglesia es también, es secundario.
Youcat, 217
Reflexión diaria
«Un solo acto de culto»
La liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística constituyen juntas «un solo acto de culto»; en efecto, la mesa preparada para nosotros en la Eucaristía es a la vez la de la Palabra de Dios y la del Cuerpo del Señor.
He aquí el mismo dinamismo del banquete pascual de Jesús resucitado con sus discípulos: en el camino les explicaba las Escrituras, luego, sentándose a la mesa con ellos, «tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio».
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1346-1347.
Reflexión diaria
La medicina celestial es el venerable sacramento de la Eucaristía.
Si el pan es cotidiano, ¿por qué esperas un año para que lo recibas, como acostumbran a hacerlo los griegos en Oriente? Recibe cada día lo que te aprovecha cada día. Vive de tal modo que, cada día merezcas recibirlo. Quien no merece recibirlo cada día, no merece recibirlo después de un año. Por tanto, oyes decir que cada vez que se ofrece el sacrificio se significa la muerte del Señor, la Resurrección del Señor, la Ascensión del Señor y la remisión de los pecados, ¿y no recibes este pan de vida cada día? El que tiene una herida busca la medicina. La herida es para nosotros, estar bajo el pecado; la medicina celestial es el venerable sacramento.
San Ambrosio de Milán
Los sacramentos n. 5, 4, 25: BPa 65, 124
Reflexión diaria
Reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias.
Así pues, esforzaros por reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias (Eucaristía) y gloria de Dios. Pues cuando os reunís con frecuencia, las fuerzas de Satanás son destruidas, y su ruina (la que prepara para otros) se deshace por la concordia de vuestra fe.
San Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas, 8,1-2 FuP 1,177
Reflexión diaria
Acoger en la fe el don de la Eucaristía es acoger a Jesús mismo.
El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: «Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?». La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. «¿También vosotros queréis marcharos?»: esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo El tiene «palabras de vida eterna», y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.
Catecismo de la Iglesia Católica, 1336.
Reflexión diaria
En la Eucaristía Jesús continúa la inmolación de su vida civil. 3
Por tanto, Jesús sacramentado queda sin defensa por parte de los hombres.
Pero ¿no vendrá el cielo en su defensa? Tampoco. Lo mismo que en el palacio de Pilatos y en casa de Caifás, Jesús es entregado por su Padre a la voluntad de los pecadores. Jesum vero tradidit voluntati eorum.
¿Es posible que Jesucristo supiese todo esto al instituir la Eucaristía y que con todo escogiese libremente ese estado? Sí; lo hizo así para servirnos de modelo en todo y ser nuestro consolador en las persecuciones y penalidades de la vida.
Así ha de permanecer hasta el fin del mundo, dándonos ejemplo y auxiliando con su gracia a cada uno de sus hijos. ¡Tanto nos ama!
San Pedro Julián Eymard
Reflexión diaria
En la Eucaristía Jesús continúa la inmolación de su vida civil. 2
Tampoco se le conceden honores públicos. En muchos países hasta se ha suprimido la fiesta del Corpus. Jesucristo no puede salir, no puede mostrarse en público. ¡Tiene que esconderse, porque el hombre se avergüenza de Él! Non novi hominem!, ¡no le conozco! ¿Y sabéis quiénes son los que se avergüenzan de Jesucristo? ¿Serán acaso los judíos, o tal vez los mahometanos? No, ¡son cristianos!
La sagrada Eucaristía se encuentra sin defensa ni protección humanas. Mientras no perturbéis e impidáis el ejercicio público del culto, ya podéis injuriar a Jesús y cometer los sacrilegios que queráis: son cosas en que nada tienen que ver las autoridades.
San Pedro Julián Eymard
Reflexión diaria
En la Eucaristía Jesús continúa la inmolación de su vida civil. 1
En la Eucaristía Jesús acepta y continúa los mismos sacrificios. Inmola su vida civil, por cuanto está sin derecho alguno; la ley ni siquiera le reconoce su personalidad; al que es Dios y hombre a la vez, al Salvador de los hombres, apenas si las naciones por Él redimidas le consagran una sola palabra en sus códigos. Vive en medio de nosotros y es desconocido.
Tampoco se le conceden honores públicos. En muchos países hasta se ha suprimido la fiesta del Corpus. Jesucristo no puede salir, no puede mostrarse en público. ¡Tiene que esconderse, porque el hombre se avergüenza de Él! Non novi hominem!, ¡no le conozco! ¿Y sabéis quiénes son los que se avergüenzan de Jesucristo? ¿Serán acaso los judíos, o tal vez los mahometanos? No, ¡son cristianos!
San Pedro Julián Eymard
Reflexión diaria
«Haced lo que él os diga»
Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: «¡Haced esto en conmemoración mía!«, se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: «No dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así ‘pan de vida’ «.
!!!San Juan Pablo II
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 54!!!
Reflexión diaria
La Iglesia vive de la Eucaristía.
La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.
San Juan Pablo II
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 1
Reflexión diaria
La hora de nuestra Redención.
Jesús, aunque sometido a una prueba terrible, no huye ante su «hora«: «¿Qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!» (Jn 12, 27). Desea que los discípulos le acompañen y, sin embargo, debe experimentar la soledad y el abandono: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación» (Mt 26, 40-41). Sólo Juan permanecerá al pie de la Cruz, junto a María y a las piadosas mujeres. La agonía en Getsemaní ha sido la introducción a la agonía de la Cruz del Viernes Santo. La hora santa, la hora de la redención del mundo. Cuando se celebra la Eucaristía ante la tumba de Jesús, en Jerusalén, se retorna de modo casi tangible a su «hora«, la hora de la cruz y de la glorificación. A aquel lugar y a aquella hora vuelve espiritualmente todo presbítero que celebra la Santa Misa, junto con la comunidad cristiana que participa en ella.
San Juan Pablo II
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 4
