| Miércoles 8 de abril, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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En el domingo celebramos la Resurrección de Jesucristo
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YOUCAT 187
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| Martes 7 de abril, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La resurrección y la Eucaristía.
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Padre Lawrence Lovasik
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| Lunes 6 de abril, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía germen de la resurrección.
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San Ireneo de Lyon
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| Domingo 5 de abril, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía es una confesión de la resurrección de Cristo.
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San Cirilo de Alejandría
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| Sábado 4 de abril, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga
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1 Corintios 11, 23-26
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| Viernes 3 de abril, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección.
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YouCat, n. 212
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| Jueves 26 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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A la voz del sacerdote se abren los cielos.
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San Gregorio VII, Papa
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| Miércoles 25 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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En la Santa Misa el Padre que se ha vuelto loco en su donación.
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Sierva de Dios Teresa María de Jesús Ortega, op
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| Martes 24 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Santa Misa sería más provechosa en vida.
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Papa Benedicto XV
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| Lunes 23 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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El corazón y la llave de todos los bienes.
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San Juan Pablo II
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| Domingo 22 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Buen pastor, pan verdadero, o Jesús.
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Tú que todo lo sabes y puedes, Santo Tomás de Aquino,
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| Sábado 21 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Si los hombres conocieran el valor de la Santa Misa…
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San Pío de Pietrelcina
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| Viernes 20 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Más honra a Dios una sola Misa que todas las demás obras.
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San Claudio de la Colombière
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| Jueves 19 de marzo, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía es también nuestro sacrificio.
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San Agustín,
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El domingo es el centro del tiempo cristiano, porque en el domingo celebramos la Resurrección de Jesucristo y cada domingo es una fiesta de Pascua en pequeño.
La Santa Comunión establece no solo contacto espiritual entre Jesucristo y nosotros sino además contacto físico a través de las ‘especies’ del pan. La resurrección del cuerpo es indicio de este contacto físico con Cristo. Los cuerpos resucitados de aquellos que han recibido meritoriamente la Eucaristía durante su vida resplandecerán más sorprendentemente por su contacto frecuente, a lo largo de su vida, con el Cuerpo resucitado de su Señor.
Así como el pan y el vino, recibida la palabra de Dios, se hacen Eucaristía, es decir, Cuerpo y Sangre de Cristo, así también nuestros cuerpos, alimentados con la Eucaristía, resucitarán a su debido tiempo para gloria de Dios Padre.
Pues que la comunión de la mística bendición (la Eucaristía) es una confesión de la resurrección de Cristo, es claro y bien patente, por lo que Él dijo cuando por sí mismo celebró la forma del misterio; porque habiendo partido el pan, según está escrito, lo repartió, diciendo: Este es mi cuerpo, el que por vosotros se entrega para perdón de los pecados; haced esto en memoria mía
Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío». Asimismo también la copa después de cenar diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío». Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.
A la voz del sacerdote se abren los cielos y los coros de los ángeles asisten a la misa. Lo más bajo se une a lo más alto, lo terrestre a lo celeste, las cosas visibles a las invisibles. Por eso, al sacerdote le hacen falta dos alas: la santidad y la ciencia para poder subir hasta Dios y después descender para atender a las almas y así cumplir su sublime vocación de ser luz del mundo y sal de la tierra.
La celebración de la Santa Misa sería más provechosa para los fieles si la procurarán en vida. Sería mucho mejor que el hecho de esperar hasta más tarde, y pedir entonces que se ofrezca por el eterno descanso del alma, después de la muerte.
El corazón de la oración cristiana y la llave del sacerdocio es sin duda la Eucaristía.
Buen pastor, pan verdadero,
Si los hombres conocieran el valor de la Santa Misa, la policía tendría que estar siempre en las puertas de las Iglesias para mantener el orden por la gran cantidad de gente que asistiría.
Más honra a Dios una sola Misa -sobre todo si en ella comulgamos con la expresa intención de amar, mediante Cristo, infinitamente al Altísimo, es decir, de vivir por Cristo como Cristo vive por el Padre- que todas las demás obras -no revalorizadas con la Eucaristía- por fervorosas que sean.
La Eucaristía representa no solamente el sacrificio único de Cristo en el Gólgota sino también el sacrificio espiritual hecho continuamente por los cristianos.