Reflexión diaria
El mismo Cristo, que resucitó ya de entre los muertos.
En la Eucaristía está presente sacramentalmente bajo las especies distintas de pan y vino, que representan la Pasión del Señor, el mismo Cristo, que resucitó ya de entre los muertos para no morir más y reina en el cielo impasible y glorioso.
P. Gregorio Alastruey
Tratado de la Santísima Eucaristía
Reflexión diaria
¡Resucitó!

En la Vigilia Pascual, la noche de la nueva creación, la Iglesia presenta el misterio de la luz con un símbolo del todo particular y muy humilde: el cirio pascual. Esta es una luz que vive en virtud del sacrificio. La luz de la vela ilumina consumiéndose a sí misma. Da luz dándose a sí misma. Así, representa de manera maravillosa el misterio pascual de Cristo que se entrega a sí mismo, y de este modo da mucha luz. Otro aspecto sobre el cual podemos reflexionar es que la luz de la vela es fuego. El fuego es una fuerza que forja el mundo, un poder que transforma…
…El cirio, se debe principalmente a la labor de las abejas. Así, toda la creación entra en juego. En el cirio, la creación se convierte en portadora de luz. Pero, según los Padres (de la Iglesia), también hay una referencia implícita a la Iglesia. La cooperación de la comunidad viva de los fieles en la Iglesia es algo parecido al trabajo de las abejas. Construye la comunidad de la luz. Podemos ver así también en el cirio una referencia a nosotros y a nuestra comunión en la comunidad de la Iglesia, que existe para que la luz de Cristo pueda iluminar al mundo.
Benedicto XVI; Homilía de la Vigilia Pascual 2012.
Reflexión diaria
La fecundidad de una época.
No olvidemos nunca que la fecundidad de una época tiene que ver con el tiempo que dedicamos a la devoción de la santa Eucaristía. Esta es la medida de la vida espiritual, su fe, su caridad y sus virtudes.
San Pedro Julián Eymard
Reflexión diaria
El consuelo más grande.
A la hora de la muerte, el consuelo más grande que el alma recibirá le vendrá de las Santas Misas oídas en vida.
Santa Gertrudis
Reflexión diaria
Se tuvo a Sí mismo en sus manos.
El Señor en la Última Cena se tuvo a Sí mismo en sus manos.
San Agustín
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Confesemos que la Eucaristía es la Carne de Cristo.
Observad aquéllos que sostienen doctrinas contrarias sobre la gracia de Jesucristo… Se abstienen de la Eucaristía y de la oración porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo.
San Ignacio de Antioquía
Discípulo de San Juan Evangelista
Reflexión diaria
La Santa Misa es como acercarse al Monte Calvario.
Acercarse al Altar para la celebración de la Santa Misa es como acercarse al Monte Calvario: allá arriba, el Sacrificio fue un acto cruento de adoración y redención de la humanidad; aquí, en el Altar, el sacrificio es incruento, es decir, sin derramamiento de sangre, pero con igual valor salvífico.
San Juan Pablo II
Reflexión diaria
Moriríamos de amor.
Si supiéramos lo que es la Santa Misa, moriríamos de amor.
San Juan María Vianney
Reflexión diaria
Pan de Vida.
Cristo se convirtió en el Pan de Vida porque comprendió la necesidad de hambre que teníamos de Dios.
Santa Teresa de Calcuta
Reflexión diaria
Que todos los fieles cristianos se acerquen diariamente al Sagrado Convite.
Jesucristo y su Iglesia desean que todos los fieles cristianos se acerquen diariamente al Sagrado Convite, principalmente para que unidos con Dios por medio del sacramento en él tomen fuerzas para refrenar las pasiones, purificarse de las culpas leves cotidianas, e impedir los pecados graves a que está expuesta la debilidad humana.
SS San Pío X
Decreto Sancta Tridentina Synodus
20/10/1905
Reflexión diaria
¿Cuáles son los frutos y efectos que recibimos en la Comunión? F
F.- La Comunión es prenda de vida eterna.
De acuerdo a las palabras de Cristo en Cafarnaúm, la Eucaristía constituye un adelanto de la bienaventuranza celestial y de la futura resurrección del cuerpo: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré, en el último día» (Jn 6, 54; cfr. Dz. 875).
Que es verdaderamente prenda de la gloria futura, lo canta la liturgia: «Oh sagrado banquete, en el que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su Pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura» (Himno, O Sacrum Convivium).
Si la Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor y si por nuestra comunión en el altar somos colmados de gracia y bendición, la Eucaristía es también la anticipación de la gloria celestial (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1402).
Reflexión diaria
¿Cuáles son los frutos y efectos que recibimos en la Comunión? E
E.- La Comunión nos preserva de futuros pecados mortales.
La Eucaristía hace la Iglesia.
Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo une a todos los fieles en un solo cuerpo: La Iglesia.
La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya por el Bautismo. En el Bautismo fuimos llamados a no formar más que un solo cuerpo.
La Eucaristía realiza esta llamada: «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan» (1 Co 10, 16-17).
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1396
Reflexión diaria
¿Cuáles son los frutos y efectos que recibimos en la Comunión? D
D.- La Comunión borra los pecados veniales.
Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales (Cf. C.C. de Trento: DS 1638).
Dándose a nosotros, Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas y de arraigarnos en Él.
En la Comunión Jesús es Médico, que suministra el remedio para la enfermedad y fortalece nuestra debilidad, preservándonos de los pecados futuros: por ello el Concilio de Trento llama a la Eucaristía «antídoto», con el que somos liberados de las culpas cotidianas y somos preservados de los pecados mortales (Dz 875).
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1394
