Reflexión diaria
Yo soy el pan de la vida.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.
Evangelio según San Juan 6, 48-51
Reflexión diaria
Seguiremos como podamos en pos de Él.
Vimos al príncipe de los sacerdotes viniendo a nosotros, le vimos y oímos ofreciendo su Sangre por nosotros, a fuer de sacerdotes, seguiremos como podamos en pos de Él, ofreciendo el sacrificio por el pueblo, deficientes en mérito; honorables, sin embargo, por el sacrificio; sin embargo, Él mismo es ofrecido en la tierra, cuando se ofrece su Cuerpo; es más, el mismo cuya palabra santifica el sacrificio que se ofrece, se manifiesta ofreciendo en nosotros.
San Ambrosio
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
El mismo Cristo que fue crucificado por nosotros.
Está presente Cristo, y él mismo que preparó aquella mesa es también quien ahora la dispone. Pues no es un hombre el que hace que los dones propuestos se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino el mismo Cristo que fue crucificado por nosotros.
San Juan Crisóstomo
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Símbolo y señal del sacrificio interior.
Todo el que ofrece el sacrificio debe hacerse partícipe de él, porque el sacrificio que exteriormente se ofrece es símbolo y señal del sacrificio interior con que cada uno se ofrece a sí mismo a Dios… Y por eso es necesario que el sacerdote, siempre que consagre, reciba íntegramente este sacramento.
Santo Tomás de Aquíno
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Al poner sobre el altar la Víctima divina.
Al poner sobre el altar la Víctima divina, el sacerdote la ofrece al Padre como oblación para gloria de la Santísima Trinidad y para bien de todas las almas.
Siervo de Dios S.S. Pio XII
Reflexión diaria
El sacerdote tiene el poder de obrar en virtud y en persona del mismo Cristo.
Idéntico, pues, es el Sacerdote, Jesucristo, cuya sagrada Persona representa su ministerio. El cual, en virtud de la consagración sacerdotal, se asemeja al Sumo Sacerdote y tiene el poder de obrar en virtud y en persona del mismo Cristo. Por esto dice San Juan Crisóstomo, el sacerdote con su acción sacerdotal, en cierto modo, «presta a Cristo su lengua y le ofrece su mano».
Siervo de Dios S.S. Pio XII
Reflexión diaria
Doble prerrogativa.
Habiendo Cristo como redentor adquirido la Iglesia con su Sangre y ofreciéndose como sacerdote perpetuamente a sí mismo hostia por los pecados, ¿Quién no ve que su regia dignidad está investida de esa doble prerrogativa?
S.S. Pio XI
Reflexión diaria
Tomad, este es mi cuerpo.
Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
Evangelio según San Marcos 14, 22-25
Reflexión diaria
Su Sangre fue separada del Cuerpo.
Es la Eucaristía memorial de la Pasión del Señor, por la cual la Sangre de Cristo fue separada del Cuerpo y por eso se ofrecen místicamente separados en este sacramento.
La Sangre consagrada separadamente representa en especial la Pasión de Cristo, por la que su Sangre fue separada del Cuerpo.
Santo Tomás de Aquíno
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Desde entonces hasta hoy y hasta su venida.
La expresión Esto es mi Cuerpo dicha en las Iglesias en cada uno de los altares desde entonces hasta hoy y hasta su venida realiza el sacrificio.
San Juan Crisóstomo
Reflexión diaria
La Iglesia lo ofrece a Dios en todo el mundo.
Cristo tomó el pan y dio gracias diciendo: Esto es mi Cuerpo, e igualmente tomó el cáliz y manifestó ser su Sangre, y mostró la oblación nueva del Nuevo Testamento, que recibida de los apóstoles, ofrece a Dios la Iglesia en todo el mundo.
San Ireneo
Reflexión diaria
En el sacrificio del altar se significa el sacrificio general.
En el sacrificio del altar se significa el sacrificio general, por el que todo el cuerpo místico, esto es, toda la ciudad redimida, es ofrecida a Dios por Cristo Sumo Sacerdote, ya que a la estructura de este cuerpo pertenecen también los santos que están en el cielo, por lo que también han de ser nombrados en su orden en el sacrificio del altar.
San Agustín
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Debe ofrecerse en nombre de todo el cuerpo místico.
La Misa aprovecha primeramente para manifestar la comunión de los santos, porque el sacrificio del verdadero Cuerpo de Cristo se ofrece y debe ofrecerse en nombre de todo el cuerpo místico.
San Roberto Belarmino
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
La Iglesia en el sacramento del altar es también ella misma ofrecida.
Toda la ciudad redimida, esto es, la congregación de los santos, ofrece a Dios un sacrificio universal por el Sacerdote magno, el cual también se ofreció a sí mismo en la Pasión por nosotros… Este es el sacrificio de los cristianos: muchos un Cuerpo en Cristo. Esto es lo que realiza la Iglesia en el sacramento del altar conocido de los fieles, donde se hace patente que en el sacrificio que ofrece es también ella misma ofrecida.
San Agustín
Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros.
Y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.» Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.» Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
Evangelio según San Lucas 22, 15-20
