Reflexión diaria
Los Santos dicen …
Los Santos dicen que la Santa Misa es el sol que ilumina toda nuestra semana.
P. Eliécer Sálesman; Cien noticias acerca de la Santa Misa
Reflexión diaria
En la Eucaristía está presente el Crucificado y el Resucitado.
En la Eucaristía está presente no sólo el Crucificado, sino también el Resucitado.
P. Raniero Cantalamessa ofmcap, Predicador Pontificio
Ciudad del Vaticano, 25 febrero 2005.
Reflexión diaria
La Santa Misa es la oración perfecta.
«¡La Santa Misa es la manera más perfecta de hacer oración!»
San Pablo VI
«La Santa Misa es la oración perfecta y no puede ser sustituida. Toda otra oración encuentra su origen y cima en la Santa Misa».
Padre Jordi Rivero
Reflexión diaria
La Santa Misa y la entrega personal.
Para meditar sobre la unidad que existe entre el Sacrificio de la Cruz y la Santa Misa, fijemos nuestra atención en la oblación interior que Cristo hace de sí mismo, con una total entrega y sumisión amorosa a su Padre.
La Santa Misa y el Sacrificio de la Cruz son el mismo y único sacrificio, aunque estén separados en el tiempo; se vuelve a hacer presente, no las circunstancias dolorosas y cruentas del Calvario, sino la total sumisión amorosa de Nuestro Señor a la voluntad del Padre.
Ese ofrecimiento interno de sí mismo es idéntico en el Calvario y en la Misa: es la oblación de Cristo. Es el mismo Sacerdote, la misma Víctima, la misma oblación y sumisión a la voluntad de Dios Padre; cambia la manifestación externa de esta misma entrega: en el Calvario, a través de la Pasión y Muerte de Jesús; en la Misa, por la separación sacramental, no cruenta, del Cuerpo y de la Sangre de Cristo mediante la transustanciación del pan y del vino.
P. Francisco Fernández Carvajal od
Meditación de «Hablar con Dios»; Cuaresma 4ª semana, jueves
Reflexión diaria
La Eucaristía es como la zarza ardiendo que no se consume.
Realmente el misterio eucarístico es como la zarza ardiendo (Ex 3,2), que no se consume, con lo que se cumple la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo ( Mt 28,20).
P. Guillermo Pons; La Eucaristía en los textos de los Padres de la Iglesia.
Reflexión diaria
En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.
La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.
P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.
Reflexión diaria
La Eucaristía es manantial de vida divina.
El don de la Eucaristía es, en efecto, manantial de vida divina para quienes avanzan por las rutas de la fe, que están llenas de inefables misterios y empapadas de suavidad y dulzura.
P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia
Reflexión diaria
¡Por Cristo, con Él y en Él!
Un laico, una religiosa, un sacerdote… que tuviese conciencia de que ofrece la Víctima de toda Santa Misa, vería eucaristizada toda su vida. ¡Nunca estaría solo! ¡Jamás se sentiría estéril! ¡Sería el mayor obrador de la paz! ¡Su vida tendría una plenitud inaudita! ¡Sería peregrino de todas las Iglesias, de todos los altares y de todos los sagrarios!
P. Carlos Miguel Buela; «Nuestra Misa», pág. 98
Reflexión diaria
Sin la Misa no hay solución para los problemas de la humanidad.
Sin la Misa no hay solución para los problemas del hombre, de la cultura, del progreso, del matrimonio y la familia, de la vida económica, social y política de los individuos y de los pueblos. Sin la Misa no hay solución para los problemas de la falta de pan, de techo y de paz. Las soluciones técnicas de estos problemas están a la vista, al alcance de los hombres y de los pueblos, no la alcanzan por el desorden interior del hombre, por su orgullo, por su soberbia, que sólo puede curar la Pasión de Cristo.
P. Carlos Miguel Buela; «Nuestra Misa», pág. 99
Reflexión diaria
Fines y efectos de la Santa Misa.
Los inmensos beneficios de orden natural y sobrenatural que hemos recibido de Dios nos han hecho contraer para con Él una deuda infinita de gratitud. La eternidad entera resultaría impotente para saldar esa deuda si no contáramos con otros medios que los que por nuestra cuenta pudiéramos ofrecerle.
Pero está a nuestra disposición un procedimiento para liquidarla totalmente con infinito saldo a nuestro favor: el santo sacrificio de la Misa. Por ella ofrecemos al Padre un sacrificio eucarístico, o de acción de gracias, que supera nuestra deuda, rebasándola infinitamente; porque es el mismo Cristo quien se inmola por nosotros y en nuestro lugar da gracias a Dios por sus inmensos beneficios. Y, a la vez, es una fuente de nuevas gracias, porque al bienhechor le gusta ser correspondido.
Este efecto eucarístico, o de acción de gracias, lo produce la Santa Misa por sí misma: siempre, infaliblemente, ex opere operato (que confiere la gracia por propia e íntima eficacia), independientemente de nuestras disposiciones.
P. Antonio Royo Marín O.P.
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Fines y efectos de la Santa Misa.

Al incorporarla a la Santa Misa, nuestra oración no solamente entra en el río caudaloso de las oraciones litúrgicas—que ya le daría una dignidad y eficacia especial ex opere operantis Ecclesiae (por la acción de la Iglesia que obra)—, sino que se confunde con la oración infinita de Cristo. El Padre le escucha siempre: «Yo sé que siempre me escuchas» (Jn 11, 42), y en atención a Él nos concederá a nosotros todo cuanto necesitemos.
Por consiguiente: No hay novena ni triduo que se pueda comparar a la eficacia impetratoria de una sola Misa. ¡Cuánta desorientación entre los fieles en torno al valor objetivo de las cosas! Lo que no obtengamos con la Santa Misa, jamás lo obtendremos con ningún otro procedimiento. Está muy bien el empleo de esos otros procedimientos bendecidos y aprobados por la Iglesia; es indudable que Dios concede muchas gracias a través de ellos; pero coloquemos cada cosa en su lugar. La Misa por encima de todo.
P. Antonio Royo Marín O.P.
Reflexión diaria
Fines y efectos de la Santa Misa.
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Cristo se ofrece en la Santa Misa al Padre para obtenernos, por el mérito infinito de su oblación, todas las gracias de vida divina que necesitamos. Allí está «siempre vivo intercediendo por nosotros» (Hebr 7, 25), apoyando con sus méritos infinitos nuestras súplicas y peticiones.
Por eso, la fuerza impetratoria de la Santa Misa es incomparable. De suyo ex opere operato (que confiere la gracia por propia e íntima eficacia), infalible e inmediatamente mueve a Dios a conceder a los hombres todas cuantas gracias necesiten, sin ninguna excepción; si bien la colación efectiva de esas gracias se mide por el grado de nuestras disposiciones, y hasta puede frustrarse totalmente por el obstáculo voluntario que le pongan las criaturas.
P. Antonio Royo Marín O.P.
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Fines y efectos de la Santa Misa.

El sacrificio de la Misa, por ser sustancialmente el mismo que el de la cruz, es, en cuanto a reparación y súplica, causa universal de las gracias de iluminación, atracción y fortaleza. Su influencia sobre nosotros no está, pues, limitada sino por las disposiciones y el fervor de quienes las reciben.
Así, una sola Misa puede aprovechar tanto a un gran número de personas como a una sola; de la misma manera que el sacrificio de la cruz aprovechó al buen ladrón lo mismo que si por él sólo se hubiese realizado. Si el sol ilumina lo mismo a una que a mil personas, la influencia de esta fuente de calor y fervor espiritual como es la Misa, no es menos eficaz en el orden de la gracia. Cuanto es mayor la fe, confianza, religión y amor con que se asiste a ella, mayores son los frutos que en las almas produce.
P. Antonio Royo Marín O.P.
Reflexión diaria
Fines y efectos de la Santa Misa.

Remite siempre, infaliblemente si no se le pone obstáculo, parte al menos de la pena temporal que había que pagar por los pecados en este mundo o en el otro. De ahí que la Santa Misa aproveche también. El grado y medida de esta remisión depende de nuestras disposiciones.
Por consiguiente: ningún sufragio aprovecha tan eficazmente a las almas del purgatorio como la aplicación del Santo Sacrificio de la Misa. Y ninguna otra penitencia sacramental pueden imponer los confesores a sus penitentes cuyo valor satisfactorio pueda compararse de suyo al de una sola Misa ofrecida a Dios. ¡Qué dulce purgatorio puede ser para el alma la Santa Misa!
P. Antonio Royo Marín O.P.
Reflexión diaria
Fines y efectos de la Santa Misa.

Después de la adoración, ningún otro deber más apremiante para con el Creador que el de reparar las ofensas que de nosotros ha recibido. Y también en este sentido el valor de la Santa Misa es absolutamente incomparable, ya que con ella ofrecemos al Padre la reparación infinita de Cristo con toda su eficacia redentora.
a) Nos alcanza de suyo ex opere operato (confiere la gracia por propia e íntima eficacia), si no le ponemos obstáculos, la gracia actual, necesaria para el arrepentimiento de nuestros pecados.
Por consiguiente: nada puede hacerse más eficaz para obtener de Dios la conversión de un pecador como ofrecer por esa intención el Santo Sacrificio de la Misa, rogando al mismo tiempo al Señor que quite del corazón del pecador los obstáculos para la obtención infalible de esa gracia.
P. Antonio Royo Marín O.P.
