Reflexión diaria
«Quien come mi Carne tiene Vida Eterna».
Todos los días debería yo de nutrir mi alma, igual que todos los días alimento a mi cuerpo a fin de darle vitalidad física.
San Agustín, Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Demos siempre gracias a Dios.
La acción de gracias después de la Santa Misa no habría de terminar sino con el día.
San Alfonso Mª de Ligorio
Reflexión diaria
Una sola Santa Misa en vida.
Una sola Misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil Misas celebradas por la misma intención, después de la muerte.
San Anselmo, Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
El Santo Sacrificio de la Misa es el mayor milagro que Jesús hizo.
Jesús quiso que la inmensidad de este amor quedase grabada en lo más profundo del corazón de los creyentes. Por eso en la Última Cena, después de celebrar la Pascua con sus discípulos y a punto de pasar de este mundo al Padre, instituyó este sacramento como memorial perpetuo de su Pasión, como realización de las antiguas figuras, como el mayor milagro que había hecho y el mayor consuelo para aquellos que dejaría tristes con su ausencia.
Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
Honremos con los ángeles al que está presente en el altar.
Los ángeles rodean al sacerdote. Todo el santuario y el espacio que circunda al altar están ocupados por las potencias celestes para honrar al que está presente en el altar.
Todos los ángeles llenos de temor adoran, glorifican, entonan continuamente los misteriosos himnos de alabanza.
San Juan Crisóstomo
Reflexión diaria
Reciban a menudo la Sagrada Comunión.
Oh, cristianos, ¿desean ustedes probar su verdadero amor hacia sus seres queridos que se han ido? ¿Desean mandarles su más preciosa ayuda y la llave Dorada del Cielo? Reciban a menudo la Sagrada Comunión por el reposo de sus almas.
San Buenaventura, Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
La Eucaristía produce una transformación progresiva.
La Eucaristía produce una transformación progresiva en el cristiano. Es el Sol de las familias y de las Comunidades.
Santo Tomás de Aquino
Reflexión Diaria
Reconoce en este pan lo que colgó en la cruz.
Pues, si cuando andaba en el mundo, de sólo tocar sus ropas sanaba los enfermos, ¿qué hay que dudar que hará milagros estando tan dentro de mí, si tenemos fe, y nos dará lo que le pidiéremos, pues está en nuestra casa? Y no suele Su Majestad pagar mal la posada, si le hacen buen hospedaje.
Santa Teresa de Jesús
Camino de perfección
Reflexión diaria
El compendio de nuestra salvación.
En la Eucaristía se compendia todo el misterio de nuestra salvación.
Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia
Reflexión diaria
A la celebración de la Santa Misa ha de seguir la acción de gracias.
A la celebración de la Santa Misa ha de seguir la acción de gracias… ¡Cuántos libros de piedad exhortan e inculcan la acción de gracias después de la Santa Misa; pero, ¿cuántos son los sacerdotes que la dan?
San Alfonso Mª de Ligorio
Reflexión diaria
¿Por qué buscar más?
¿Pero es que no tenemos en la Eucaristía a Jesús viviente, real y verdaderamente presente ante nosotros? ¿Por qué buscar más?
Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia.
Reflexión diaria
Mientras uno oye Misa no pierde el tiempo.
«Mientras uno oye la Santa Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el Santo Sacrificio de la Misa».
San Agustín, Doctor de la Iglesia
«Es tanto el Amor de Dios por sus criaturas, y habría de ser tanta nuestra correspondencia que, al decir la Santa Misa, deberían pararse los relojes».
San Josemaría Escrivá; Forja, n. 436
Reflexión diaria
La oración unida con ese divino sacrificio de la Misa.
La oración, unida con ese divino sacrificio de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores como apoyada sobre su Amado.
San Francisco de Sales
Reflexión diaria
¡Cuerpo y Sangre, Pan y Vino!
Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado.
San Agustín; Sermón 228
Reflexión diaria
«¡Tú serás transformado en mí!»
Era como si oyera una voz de lo alto: «Soy el alimento de los fuertes; ¡crece y aliméntate entonces de mí! Pero tú no me transformarás en ti como un alimento corporal, sino que tú serás transformado en mí».
San Agustín, Doctor de la Iglesia
