Reflexión diaria
El mayor misterio de amor.
«Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente» Lc 9, 16. Este signo prodigioso es figura del mayor misterio de amor, que se renueva cada día en la santa misa: mediante los ministros ordenados, Cristo da su Cuerpo y su Sangre para la vida de la humanidad. Y quienes se alimentan dignamente en su mesa, se convierten en instrumentos vivos de su presencia de amor, de misericordia y de paz.
San Juan Pablo II
Solemnidad de Corpus Christi
10 de junio de 2004
Reflexión diaria
El camino más corto y más seguro para llegar al Cielo.
La Sagrada Comunión es el camino más corto y más seguro para llegar al Cielo.
San Pio X
Reflexión diaria
Todo se lo debo a la Santa Comunión.
Todo el bien que está dentro de mí se lo debo a la Santa Comunión. Le debo todo a ella.
Santa Faustina Kowalska
Reflexión diaria
Desde hoy, tu voluntad, Señor, es mi alimento.
Oh Jesús Hostia que en este momento he recibido en mi corazón y en esta unión contigo me ofrezco al Padre celestial como hostia expiatoria, abandonándome plena y absolutamente a la misericordiosísima Santa Voluntad de mi Dios. Desde hoy, tu voluntad, Señor, es mi alimento. Tienes todo mi ser, dispón de él según tu divina complacencia. Ya ahora no temo ninguna de tus inspiraciones ni analizo con preocupación a dónde me llevarán, tengo confianza absoluta en tu voluntad que es para mí el amor y la misericordia mismos.
Santa Faustina Kowalska
Diario, 1264, 456
Reflexión diaria
La Eucaristía refuerza, encauza y purifica el afecto humano.
La Eucaristía, infundiendo en el corazón del hombre una nueva energía -el amor sobrenatural-, refuerza, encauza y purifica el afecto humano, haciéndolo más sólido y más auténtico. Cuando tiene a Dios en su pecho, todo el hombre queda armonizado en sí mismo… En el sacramento divino, el Señor está sumido en el silencio para escucharnos.
San Juan XXIII
Reflexión diaria
La Comunión es fuente de energía.
La Comunión es fuente de energía que debe ayudaros durante toda vuestra vida.
San Juan Bosco
Reflexión diaria
María Santísima se convirtió en el primer Tabernáculo.
«Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en «tabernáculo» -el primer «tabernáculo» de la historia- donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como «irradiando» su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?
San Juan Pablo II
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 55
Reflexión diaria
Comulgar con el Corazón de María SS.
Antes de la Comunión suplica a esta bondadosa Madre que te preste su Corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones.
San Luis María Griñón de Monfort
Reflexión diaria
Jesús, transfórmame en una segunda hostia.
Jesús, transfórmame en una segunda hostia. Quiero ser una hostia viva para Ti. Tú eres el gran Señor, omnipotente, Tú puedes hacerme esta gracia.
Y el Señor me contestó:
«Tú eres una hostia viva, agradable al Padre celestial».
Santa Faustina Kowalska
Diario, 1826
Reflexión diaria
Se hace feliz a la Santísima Virgen viviendo bien la Santa Misa.
Asistir con devoción a la Santa Misa, visitar a Jesús Sacramentado, recibir la Comunión Sacramental o al menos hacerla espiritual, son prácticas de sumo agrado a María y un conducto eficaz para obtener gracias especiales.
San Juan Bosco
Reflexión diaria
Los tres misterios principales del Verbo.

La Eucaristía recuerda los tres misterios principales del Verbo: su generación eterna en el seno del Padre; su generación temporal en el seno de María; su sacrificio, su muerte en la Cruz.
San Andrés Basset
Reflexión diaria
El fiat pronunciado por María y el amén que cada fiel pronuncia.
Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió «por obra del Espíritu Santo» era el «Hijo de Dios» Lc 1, 30.35. En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.
San Juan Pablo II
Ecclesia de Eucharistia 55
Reflexión diaria
María ha practicado su fe eucarística.
En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.
San Juan Pablo II
Ecclesia de Eucharistia 55
Reflexión diaria
No dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo.
Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: «no dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así ‘pan de vida'».
San Juan Pablo II
Ecclesia de Eucharistia 53
Reflexión diaria
Haced lo que él os diga: ¡Haced esto en conmemoración mía!
Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: «¡Haced esto en conmemoración mía!», se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: «Haced lo que él os diga» Jn 2, 5.
San Juan Pablo II
Ecclesia de Eucharistia 54
