| Jueves 3 de septiembre, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía es como la zarza ardiendo que no se consume.
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P. Guillermo Pons; La Eucaristía en los textos de los Padres de la Iglesia.
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| Miércoles 2 de septiembre, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¿Qué sucede con la Iglesia cuando celebra la Eucaristía?
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Se critica con frecuencia a la Iglesia, como si únicamente fuera una asociación de hombres más o menos buenos. En realidad, la Iglesia es lo que se realiza diariamente de un modo misterioso sobre el altar. Dios se entrega por cada uno de nosotros y quiere transformarnos mediante la Comunión con él. Como seres transformados deberíamos transformar el mundo. Todo lo demás que la Iglesia es también, es secundario. Youcat, 217
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| Martes 1 de septiembre, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¿Cuál es la importancia de la Eucaristía para la Iglesia?
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No somos Iglesia porque colaboramos a su sostenimiento, porque nos llevamos bien unos con otros o porque casualmente hayamos caído en una comunidad, sino porque en la Eucaristía recibimos el Cuerpo de Cristo y continuamente somos transformados en el Cuerpo de Cristo. YouCat, n. 211
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| Domingo 30 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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«Un solo acto de culto»
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He aquí el mismo dinamismo del banquete pascual de Jesús resucitado con sus discípulos: en el camino les explicaba las Escrituras, luego, sentándose a la mesa con ellos, «tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio». Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1346-1347.
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| Sábado 29 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La medicina celestial es el venerable sacramento de la Eucaristía.
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San Ambrosio de Milán; Los sacramentos n. 5, 4, 25: BPa 65, 124
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| Viernes 28 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias.
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San Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas, 8,1-2 FuP 1,177
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| Jueves 27 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Acoger en la fe el don de la Eucaristía es acoger a Jesús mismo.
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Catecismo de la Iglesia Católica, 1336.
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| Miércoles 26 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¡Bienaventurada tú que has creído!
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Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió «por obra del Espíritu Santo» era el «Hijo de Dios» (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.
San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 55.
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| Martes 25 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¡Resucitó!
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![]() En la Vigilia Pascual, la noche de la nueva creación, la Iglesia presenta el misterio de la luz con un símbolo del todo particular y muy humilde: el cirio pascual. Esta es una luz que vive en virtud del sacrificio. La luz de la vela ilumina consumiéndose a sí misma. Da luz dándose a sí misma. Así, representa de manera maravillosa el misterio pascual de Cristo que se entrega a sí mismo, y de este modo da mucha luz. Otro aspecto sobre el cual podemos reflexionar es que la luz de la vela es fuego. El fuego es una fuerza que forja el mundo, un poder que transforma… …El cirio, se debe principalmente a la labor de las abejas. Así, toda la creación entra en juego. En el cirio, la creación se convierte en portadora de luz. Pero, según los Padres (de la Iglesia), también hay una referencia implícita a la Iglesia. La cooperación de la comunidad viva de los fieles en la Iglesia es algo parecido al trabajo de las abejas. Construye la comunidad de la luz. Podemos ver así también en el cirio una referencia a nosotros y a nuestra comunión en la comunidad de la Iglesia, que existe para que la luz de Cristo pueda iluminar al mundo. Benedicto XVI; Homilía de la Vigilia Pascual 2012.
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| Lunes 24 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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«Haced lo que él os diga»
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San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 54
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| Domingo 23 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Iglesia vive de la Eucaristía.
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San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 1
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| Sábado 22 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La hora de nuestra Redención.
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San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 4
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| Viernes 21 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Epíclesis.
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En el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353
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| Jueves 20 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía está en el centro de la vida eclesial.
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San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 3
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| Miércoles 19 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.
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P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.
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Realmente el misterio eucarístico es como la zarza ardiendo
Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía se sitúa ante la fuente de la que ella misma brota continuamente de nuevo: en la medida que la Iglesia «come» del Cuerpo de Cristo, se convierte en Cuerpo de Cristo, que es sólo otro nombre de la Iglesia. En el sacrificio de Cristo, que se nos da en cuerpo y alma, hay lugar para toda nuestra vida. Nuestro trabajo y nuestros sufrimiento, nuestras alegrías, todo lo podemos unir al sacrificio de Cristo. Si nos ofrecemos de este modo, seremos transformados: agradamos a Dios y para nuestros prójimo somos como buen pan que alimenta.
La celebración de la Eucaristía es el centro de la comunidad cristiana. En ella la Iglesia se convierte en Iglesia.
La liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística constituyen juntas «un solo acto de culto»; en efecto, la mesa preparada para nosotros en la Eucaristía es a la vez la de la Palabra de Dios y la del Cuerpo del Señor.
Si el pan es cotidiano, ¿por qué esperas un año para que lo recibas, como acostumbran a hacerlo los griegos en Oriente? Recibe cada día lo que te aprovecha cada día. Vive de tal modo que, cada día merezcas recibirlo. Quien no merece recibirlo cada día, no merece recibirlo después de un año. Por tanto, oyes decir que cada vez que se ofrece el sacrificio se significa la muerte del Señor, la Resurrección del Señor, la Ascensión del Señor y la remisión de los pecados, ¿y no recibes este pan de vida cada día? El que tiene una herida busca la medicina. La herida es para nosotros, estar bajo el pecado; la medicina celestial es el venerable sacramento.
Así pues, esforzaros por reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias (Eucaristía) y gloria de Dios. Pues cuando os reunís con frecuencia, las fuerzas de Satanás son destruidas, y su ruina (la que prepara para otros) se deshace por la concordia de vuestra fe.
El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: «Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?». La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. «¿También vosotros queréis marcharos?»: esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo El tiene «palabras de vida eterna», y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.
En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.
«Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en «tabernáculo» -el primer «tabernáculo» de la historia- donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como «irradiando» su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?
Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: «¡Haced esto en conmemoración mía!«, se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: «Haced lo que él os diga»
La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»
Jesús, aunque sometido a una prueba terrible, no huye ante su «hora«: «¿Qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!»
En la epíclesis, la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (o el poder de su bendición) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y que quienes toman parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu.
Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Se puede observar esto ya desde las primeras imágenes de la Iglesia que nos ofrecen los Hechos de los Apóstoles: «Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones«.
La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.