| Miércoles 12 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana.
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Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1322
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| Martes 11 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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«Tomad y comed… Tomad y bebed…»
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«Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados». (Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25)
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| Lunes 10 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana.
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Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1324
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| Domingo 9 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La unidad y caridad perfecta en la Eucaristía.
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Beata Dina Bélanger
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| Sábado 8 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía convierte la oscuridad de la cárcel en luz.
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Siervo de Dios Cardenal F. X. Nguyen van Thuan (vietnamita); «Cinco panes y dos peces», pág. 42, (recordando el tiempo de su prolongado encarcelamiento)
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| Viernes 7 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía es manantial de vida divina.
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P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia
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| Jueves 6 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Prefigura la sobreabundancia del pan Eucarístico.
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Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1335.
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| Miércoles 5 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¿Qué sería yo, si no hubiera comulgado?
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San Josemaría Escrivá de Balaguer
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| Martes 4 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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María Santísima, nuestro apoyo y guía en la Santa Misa.
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San Juan Pablo II
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| Lunes 3 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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Un día sabremos lo que Dios está haciendo por nosotros en cada Santa Misa.
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Un día sabremos lo que Dios está haciendo por nosotros en cada Santa Misa, y qué clase de don está preparando en ella para nosotros. Sólo su divino amor puede permitir que tal don nos sea proporcionado. Santa Faustina Kowalska
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| Domingo 2 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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En la Eucaristía somos comidos por Cristo.
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«Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí». (Jn 6, 57)
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| Sábado 1 de agosto, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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La Eucaristía es el don más grande que el Señor ha ofrecido a su Esposa.
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La Eucaristía es el don más grande que el Señor ha ofrecido a su Esposa, la Iglesia permanente… Es compendio de las palabras, vida y obra de Jesús, ofrecida al Padre por nosotros… Es gloria de su Cuerpo Resucitado… Es fuente, centro y culmen de la vida cristiana. Concilio Vaticano II
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| Viernes 31 de julio, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¡Qué crezca en nosotros una piedad apasionada por la Santa Misa!
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Mons. Javier Echevarría; Sínodo de la Eucaristía, octubre de 2005
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| Jueves 30 de julio, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¡Por Cristo, con Él y en Él!
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P. Carlos Miguel Buela; «Nuestra Misa», pág. 98
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| Miércoles 29 de julio, 2026 | ||
Reflexión diaria |
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¿Hemos llorado en la Santa Misa?
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San Ignacio de Loyola; Diario Espiritual No. 14
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La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.
«Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros».
La Eucaristía es «fuente y cima de toda la vida cristiana». Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua.
Mi Corazón -dice Jesús- desea unir constantemente a sí todos los corazones por medio de la Eucaristía, como él mismo está unido a Mi Padre por el Amor, en la unidad y caridad perfecta.
Cada semana tiene lugar una sesión de adoctrinamiento, en la que debe participar todo el campo (de concentración). Durante el descanso, mis compañeros católicos y yo aprovechamos para pasar un paquetito (conteniendo el pan consagrado) para cada uno de los cuatro grupos de prisioneros; todos saben que Jesús está en medio de ellos; Él es el que cura todos los sufrimientos físicos y mentales. Durante la noche los presos se turnan en adoración; Jesús Eucaristía ayuda inmensamente con su presencia silenciosa. Muchos cristianos vuelven al fervor de la fe durante esos días; hasta budistas y otros no cristianos se convierten. La fuerza del amor de Jesús es irresistible. La oscuridad de la cárcel se convierte en luz, la semilla germina bajo la tierra durante la tempestad.
El don de la Eucaristía es, en efecto, manantial de vida divina para quienes avanzan por las rutas de la fe, que están llenas de inefables misterios y empapadas de suavidad y dulzura.
Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en Caná anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo convertido en Sangre de Cristo.
¡Cuántos años comulgando a diario! Otro sería santo -me has dicho-, y yo ¡siempre igual! Hijo -te he respondido-, sigue con la diaria Comunión, y piensa: ¿qué sería yo, si no hubiera comulgado?
Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta.
¡Oh, qué misterios inescrutables tienen lugar durante la Santa Misa…! Con qué devoción debemos escuchar y tomar parte en esta muerte de Jesús.
«La Eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo».
Al celebrar o al participar en la Santa Misa, sacerdotes y laicos han de actuar con piedad recia, doctrinal, y de forma amorosa, atenta, santamente apasionada. En la Eucaristía, donde tiempo y eternidad se encuentran, Cristo se ofrece al Padre y se nos entrega de nuevo a nosotros los hombres: merece evidentemente que correspondamos con todo el amor de que seamos capaces. Dios no nos pide solamente la entrega de un acto externo, sino que ante todo espera nuestro amor: sólo así la ofrenda puede ser perfecta, agradable a Dios.
Un laico, una religiosa, un sacerdote… que tuviese conciencia de que ofrece la Víctima de toda Santa Misa, vería eucaristizada toda su vida. ¡Nunca estaría solo! ¡Jamás se sentiría estéril! ¡Sería el mayor obrador de la paz! ¡Su vida tendría una plenitud inaudita! ¡Sería peregrino de todas las Iglesias, de todos los altares y de todos los sagrarios!
San Ignacio de Loyola lloraba con frecuencia en la Santa Misa. Nosotros, hombres de poca fe, no lloramos, pues apenas sabemos lo que hacemos cuando asistimos a la Santa Misa.